Montevideo, qué sucio te veo
Dante Nieves
 

Hoy nos referiremos a la implementación de un rediseño con contenido social de la gestión de los residuos en nuestra ciudad.

Todo esto en la búsqueda de caminos posibles que permitan adecuar la gestión de residuos urbanos a los estándares internacionales.

No debemos olvidar que los residuos urbanos son una de las cinco principales causas de afectación en la problemática del cambio climático.

En nuestra ciudad, en la que los otros índices de contralor ambiental no son determinantes de acciones graves que afecten el medio ambiente, la gestión de los residuos desde su generación hasta la disposición final sí lo es. Pero no es un problema de hoy, basta recorrer las páginas de Crónicas de Montevideo, escritas por Sansón Carrasco (seudónimo de Daniel Muñoz, el primer intendente de Montevideo) y luego complementarlas con una visita a la usina de disposición final de Felipe Cardoso y sus alrededores para comprobar que a pesar de haber transcurrido un siglo la calidad del sistema no tiene diferencias.

Según cifras de la propia Intendencia de Montevideo, nuestro sistema de recolección en todas sus variantes oficiales y su disposición final en el vertedero genera una carga de 1.600.000 toneladas a las que deberá sumarse lo generado por el sistema informal de 5.000 hurgadores —cifra obtenida por la Intendencia en el censo realizado en 2008—, que de acuerdo a los medios empleados, carro con caballo, carro de mano y bicicletas, realizan la recolección de otras 800.000 a 1.000.000 de toneladas sin disposición final controlada.

Pero luego de cien años de recolección, consideramos que Montevideo debe comenzar a rediseñar su gestión de disposición final de residuos urbanos analizando otras posibilidades de inversión y desarrollo tecnológico que nos lleve a una ciudad más limpia en todos sus aspectos, superando los actuales estándares desde la generación misma de los residuos.
En efecto, el eslabón de inicio es la concientización de los actores sociales o industriales. Los generadores de los residuos deberán comenzar acciones que minimicen los impactos de los mismos  en toda su cadena por el espacio de nuestra ciudad.

Debemos implementar acciones proactivas, que impulsen modelos de gestión facilitadores del resultado final con la apertura de posibilidades que disminuyan el impacto en nuestro medio ambiente y nos permitan tomar medidas tendientes a la disminución de la generación de gases de efecto invernadero.

Debemos iniciar acciones que reduzcan la generación de residuos impulsando una gestión eco eficiente del sistema y desarrollar políticas de inclusión social colectivas con las mismas personas que llevan adelante la tarea informal de gestión y disposición final.
Debemos ampliar el marco de empresas comprometidas con el cuidado del medio ambiente.

En definitiva debemos promover una gestión de residuos óptima según las características de nuestro país y que nos permitirá sustentar el rótulo de país natural.

En cuanto a las acciones inclusivas, parte sustantiva en el desarrollo del proyecto, se incorporarán globalmente todos los actores que hoy trabajan en el sistema «informal», carros, clasificadores domiciliarios, criadores de cerdos y los hoy parcialmente trabajados en vías formales como el caso de UPA, Ágora, los recicladores en Conaprole y otra serie de empresas nucleadas en CEMPRE  Uruguay, institución que promueve el manejo responsable de su gestión de residuos y los clasificadores nucleados en UCRUS, todos ellos pilares de un sistema que universalizándose podrá sentar las bases para todas las acciones sociales tales como acceso a la educación, a una vivienda digna y en definitiva al goce pleno de sus derechos.

A la fecha nuestra ciudad con el sistema de gestión vigente y la proyección a los próximos ocho años determina el sistema de recolección que conocemos y la disposición en el relleno sanitario de Felipe Cardoso, con la posibilidad de generar electricidad a partir de la captura del gas metano pero siempre en el marco que conocemos y sin desarrollar en sí mismo políticas de inclusión para los trabajadores de la basura que se encuentran en su entorno.

En primer lugar debemos dejar en claro que no compartimos el concepto de relleno sanitario porque ese sistema en definitiva acumula para siempre residuos y margina zonas de la ciudad inhabilitándolas para el desarrollo sustentable.

Hemos encontrado bibliografía que nos informa que en las aguas subterráneas se han encontrado indicios desde el imperio romano y que hace más de dos mil años continúan generando contaminantes.

La basura en sí es un problema ambiental que aumenta en proporción al crecimiento de la población y que en todos los casos le cuesta a las ciudades mucho dinero de los contribuyentes para liberarse de ella.

Este destino final es como relleno en la tierra, lo que, como mencionamos, no resulta una solución satisfactoria. Debemos analizar el proceso de biosfera en el que estamos con lo cual el problema es virtualmente eliminado.

Al día de hoy a los montevideanos nos cuesta en el entorno de los veinte millones de dólares anuales la disposición final de los residuos y el inicio de los más graves problemas ambientales, lo que representa en torno al 5% del presupuesto de la ciudad, unos diez dólares la tonelada. Con el proceso propuesto la ciudad debería disponer de veinte dólares la tonelada pero con tres factores fundamentales en el resultado final:
1) No se producen gases de efecto invernadero.
2) Se pueden recaudar más de 2 millones de dólares por concepto de bonos verdes de la comunidad mundial.
3) Se comercializarían unos 20.000  MW anuales.
Todo esto redundaría en una ciudad  más amigable con el ambiente y prácticamente sin cambio en los costos de funcionamiento de los sistemas.

Fuentes de combustible

Se pueden utilizar como fuentes de combustible desechos bio médicos y médicos, sedimentos de aguas residuales, subproductos industriales, desechos empetrolados, neumáticos efluentes agrarios, o sea, cualquier cosa que el ser humano pueda producir, a excepción de vidrio, metales y basura nuclear.

El calor generado puede ser utilizado para producir electricidad, calentar el agua de alimentación a la caldera y desalinizar agua de mar.

La materia prima que alimenta el generador de gas puede ser en estado seco o escurrido.
En algunas materias primas los metales valiosos se concentran y se recuperan para su reutilización.

El material vitrificado, designado generalmente como escoria es inerte y tiene una variedad de aplicaciones en la industria de la construcción especialmente para el fraguado del hormigón, componente que hoy se importa.

En las instalaciones de tratamiento de gas se refina el gas crudo usando las tecnologías comerciales probadas que son una parte integrada de la planta de gasificación.

De la síntesis del proyecto se genera el subproducto syngas que es combustible y puede ser intermedio para producción de otro producto químico.

El proceso de tratamiento de la basura pasa por cinco etapas:

1) Traslado a la planta de biosfera

2) Se procede a la clasificación, se recupera el plástico, caucho, metales y vidrio.
Se separa la basura en dos corrientes de alimentación: el material orgánico y el no orgánico.

Alrededor del 20% de los orgánicos se reciclan como nutrientes y añadidos para fertilizantes de alto valor nutritivo.

Los no orgánicos se reclasifican más a fondo para permitir la recuperación de plásticos y de caucho y son desmenuzados para la recuperación de metales valiosos.

3) El resto de los materiales en el flujo de la basura son introducidos en el proceso de biosfera.

4) Realizado el proceso térmico estas escamas se transforman en un residuo inerte utilizado en la construcción, otra pequeña cantidad se puede vender a un refinador de metal o verterse a un relleno sanitario.

5) El trabajo de la etapa 4 se utiliza para hacer funcionar un generador de electricidad para 6 MW.

El agua del proceso se condensa y produce agua limpia para el resto de la planta.

El hidrógeno sulfurado remanente se utiliza para fertilizantes con grado de azufre o se puede convertir a bisulfato de sodio para la industria química.

En este estado de exposición corresponde destacar que Montevideo necesita una instalación modular de entre diez y doce plantas en un área de una hectárea por planta, predio dentro del cual se realizan todas las etapas, por lo que el proceso completo de Montevideo generaría una producción diaria de 60 MW y dejaría un residuo final anual de 112.000  toneladas, apenas un 7% de las 1.600.000 toneladas que pasan a disposición anual en relleno sanitario al día de hoy. Con un entorno absolutamente limpio, sin contaminación de ningún tipo, sin generación de líquidos lixiviados, generando 21.900 MW anuales y percibiendo importantes aportes de la comunidad europea en bonos verdes de acuerdo a la convención del tratado de Kioto. 

Seguiremos conversando…

 
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