Nicolás Berretta |
Los grandes cambios surgen de pequeños detalles y de grandes actitudes; esto fue así desde que el ser humano escribe su historia. A lo largo de todos estos siglos hemos desarrollado con alto grado de perfeccionismo el arte de seducir y persuadir, desplegando el mismo a nivel individual, grupal y social. Este gobierno, haciendo uso de este arte, supo llegar a tocar las grandes masas a tal punto de convertirse en liderazgo político a la mitad y subirse al carro del poder. De a poco fue persuadiendo y tocando las distintas esferas sociales, cuando digo tocando hago referencia a introducirse en la fibra de cada uno, movilizar lo inconsciente y consciente de cada persona desde lo emocional, de una manera sumamente perspicaz y con un grado de inteligencia emocional realmente extraordinario. Todo esto desarrolla raíces que se van impregnando en las esferas sociales, la imagen popular del presidente, la seudosencillez de sus asesores y la hermosa imagen que formaron de esta fuerza política supo armar una imagen de mega familia donde todo está bien. Estuvieron excelentemente asesorados por sociólogos, sicólogos sociales, economistas y muchos profesionales en ciencias comportamentales. Puntualmente cualquier profesional especializado en estas ciencias sabe que para hacer una buena intervención social, lo primero que no hay que hacer es asistencialismo, cosa que hizo de entrada este gobierno llamándolo «plan de emergencia social» o «plan de equidad». La interrogante es: ¿por qué lo hizo? Evidentemente lo hizo así porque fue el motor de la campaña política, el caballito de batalla que tocó la masa más grande de donde sacaron la diferencia de votos para ganar. No se puede hacer asistencialismo porque genera ocio y el ocio permanente combinado con situaciones críticas socioeconómicas es la mejor fórmula disparadora de delincuencia y deterioro social. Para dignificar a una persona hay que hacer un abordaje transdisciplinario donde se contengan las dimensiones sociales, emocionales, económicas, familiares, sanitarias. Pero en fin, señores, es más fácil «te pago 4.000 pesos para que votes» en lugar de «te enseño a trabajar, te dignifico y te ayudo a ser más libre y feliz». Se olvidaron de aquellas hermosas palabras que en otros gobiernos ellos mismos usaron: cultura del trabajo, por ejemplo. Esto es así porque, en definitiva, tienen miedo de que no los voten más, porque cuando el ser humano crece empieza a pensar, a analizar y a cuestionar más las cosas, las situaciones y los ideales. |
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